Sobre la historia de Posadas, orígenes y olvidos

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En la mañana de este miércoles se realizó el acto oficial por los 411 años de nuestra ciudad, en un encuentro que conmemoró el aniversario de la primera fundación de la reducción jesuítica Nuestra Señora de la Anunciación de Itapúa, en estos suelos que hoy constituyen nuestra Posadas.  

La ceremonia organizada por la Municipalidad de Posadas y la Asociación Flor del Desierto se desarrolló en la intersección de la avenida Costanera y Bajada Vieja, donde se emplaza la piedra fundacional. En ese marco, se concretó la colocación de una ofrenda en homenaje a este acontecimiento que marcó el origen de la comunidad.

Juan Manuel Sureda, presidente de Flor del Desierto,  recordó que la piedra fundacional fue rescatada del río Paraná en 1970, durante el centenario de la ciudad, y posteriormente ubicada en la Costanera. También explicó que el nombre Itapúa significa “piedra que asoma”, en referencia a las características geográficas del lugar.

“Posadas no debe ignorar esos más de 200 años de historia que anteceden a su organización institucional. Desde 1615 tenemos un origen que forma parte de nuestra identidad”, destacó Sureda a quienes asistieron a la cita histórica y cultural.

«¿Una ciudad con dos nacimientos?»

Asimismo, acerca de esta prístina historia de Posadas ligada con su pasado guaraní y jesuítico, reflexionó el historiador independiente Julio Cantero en un artículo publicado en Misiones Historia, su sitio web dedicado a la divulgación de la historia regional que ya tiene una década de trayectoria.  

El autor también hace énfasis en el valor de recuperar todo este pasado que suele quedar en el olvido al tomar como fechas fundacionales de Posadas decretos más cercanos en el tiempo institucional.     

En la nota titulada: 1615, el origen de Posadas que “la historia” suele olvidar, señala:  

“El 25 de marzo de 1615 es la fecha real de la fundación del poblado que dio origen a la ciudad de Posadas, es preciso entender que en esa fecha aquí estaban las aldeas de los caciques Terapua Añepese Y Ñamandú, y fueron ellos quienes aceptaron la prédica de Roque González de Santa Cruz, cambiando para siempre la historia del sitio en el que se crearía entonces la primera Misión de lo que luego sería conocido como Misiones, justamente por la abundancia de poblaciones de este tipo”.

“Posadas no nació de una ordenanza de un dictador paraguayo que ordenaba despoblar este lugar y establecer un puesto militar y aduanero tampoco nació de un decreto de la legislatura correntina… tenemos ya 411 años de historia de pura resiliencia, trabajo y perseverancia: no debemos olvidarlo”, instó.
Y planteó un interrogante que obliga a repensar la idea común que damos por sentado sobre nuestra existencia como provincia joven.  

“¿Cómo es posible que una ciudad celebre su sesquicentenario (150 años) mientras sus cimientos narran una historia de más de cuatro siglos?

En 2020, Posadas conmemoró un siglo y medio de vida institucional, basándose en un decreto administrativo de Corrientes del año 1870. Sin embargo, mucho antes de que se firmara cualquier papel oficial en una oficina correntina, la selva paranaense ya era testigo de una epopeya de supervivencia.

La historia de la actual capital de Misiones no comenzó con un acto burocrático de la legislatura correntina, ni mucho menos con la disposición de un dictador paraguayo de repeler cualquier poblamiento de esta costa estableciendo un puesto militar y aduanero en este sitio. Sino que comenzó con una cruz de madera levantada por un santo en la orilla del Paraná, en el paraje conocido entonces como Itapúa, el 25 de marzo de 1615, bajo el nombre de Nuestra Señora de la Anunciación de Encarnación de Itapúa.

Explorar sus orígenes nos obliga a mirar más allá de los documentos modernos para descubrir una gesta de resistencia y convivencia que la historia oficial, a menudo, prefiere simplificar”.

“La ocupación formal de la margen izquierda del río Paraná comenzó bajo la égida de la Compañía de Jesús. El padre Roque González de Santa Cruz, primer criollo en adentrarse con fines misionales en esta zona de la selva paranaense, reconoció en el paraje de Itapúa un punto estratégico de control territorial y espiritual. La fundación no fue un acto impulsivo, sino una operación de diplomacia fronteriza que contó con el respaldo legal de la Corona.

Roque González portaba una Licencia Oficial expedida el 23 de febrero de 1615 por el teniente gobernador Francisco González de Santa Cruz, en nombre del Rey de España. Este documento autorizaba la nueva fundación y es el único y más antiguo instrumento legal emitido por una autoridad gubernamental que refiere a la fundación de una población en el territorio que hoy se denomina Posadas.

El término Itapúa (“punta de piedra” en guaraní) describe con precisión la geografía rocosa de la costa posadeña. Este acto formal de fundación fue solo el preámbulo de la epopeya humana que protagonizó, marcada por privaciones de todo tipo y por su férrea voluntad doctrinera”. 

En otro subtitulado, Cantero, narra que “entre 1620 y 1621, el núcleo principal del pueblo (iglesia, colegio, viviendas y chacras) se trasladó a la margen derecha (actual Encarnación, Paraguay). Sin embargo, el sitio original (Posadas) nunca fue abandonado: se transformó en la “Estancia Grande”, el pulmón económico de la reducción. Lejos de estar desierta, la zona mantuvo una ocupación permanente para sostener un volumen de producción asombroso”.

(…)

El investigador independiente expone que no se trata solamente de una cuestión de fechas y efemérides, sino que abrazar la historia antigua de Posadas es un debate por la identidad.   

“La controversia sobre cuándo nació realmente Posadas sigue vigente. La Academia Nacional de la Historia prioriza el acto jurídico de 1870, pero la realidad demuestra una ocupación continua desde 1615.

Un dato revela la crudeza de este “borramiento” histórico: cuando en 1834 se construyó la muralla de la Trinchera de San José, se utilizaron piedras de las ruinas de la estancia original para levantarla.

Ignorar el hito de 1615 no es solo una cuestión de fechas: implica desconocer que la ciudad actual está, en gran medida, construida sobre los restos de su pasado jesuítico.

Mientras pueblos vecinos como Concepción de la Sierra, que en 2019 celebró sus 400 años, o Corpus Christi, que lo hizo en 2022, reconocen y conmemoran sus orígenes, Posadas continúa aferrándose a un decreto administrativo correntino que deja de lado más de dos siglos y medio de existencia previa.

Resulta paradójico que Roque González, tras fundar la reducción de Itapúa en el territorio que hoy ocupa la capital, haya partido en 1619 desde ese asentamiento ya establecido hacia la región del río Uruguay, donde fundó Concepción de la Sierra. Hoy, ese pueblo celebra su origen en aquel hecho histórico, mientras que Itapúa -actual Posadas- parece olvidar su propia fundación y a su fundador, sin reconocer la importancia de haber sido la primera misión jesuítica en el territorio misionero”.

Para leer el artículo completo, en misioneshistoria.com.ar

También en el canal de Youtube Historia de Misiones hay material audiovisual

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