En el punto más oriental del país sobra memoria y valor por la patria. En el corazón del Pozo Azul, la gesta de Malvinas no se olvida. El excombatiente Eduardo González cuenta con un museo que reúne objetos utilizados en el campo de batalla y los escritos que por años contaron el marcante suceso. Convencido de que contar y mostrar lo ocurrido en primera persona es la manera de poner en valor la entrega de cada soldado, traslada gran parte de los componentes del espacio para darlos a conocer a estudiantes y comunidad en general.
Donde comienza el país, rodeado por frontera, mantener en alto la bandera nacional es sinónimo de perseverancia, sacrificio, amor y en este caso especialmente respeto, honor y gloria a los camaradas caídos en combate, lo que motivó a tornar el museo móvil. Así cada elemento que fue recogiendo, muchos de ellos donados y traídos desde Ushuaia, no solo se expongan en un sector de su vivienda donde con el apoyo de su familia armó el museo sino llevar gran parte para presentarlo en distintos espacios donde es convocado junto a sus camaradas de San Pedro.
Malvinizar
La iniciativa es de índole privada, solventada con mucho amor y cariño hacía la memoria por parte de Eduardo y su familia. Amigos, camaradas y personas ligadas a la causa Malvinas que conocen sobre la colección, frecuentemente realizan donaciones de objetos que enriquecen el espacio. “La idea fue recuperar algo de Malvinas, en este museo se encuentra parte de mi vida y de unos cuantos camaradas veteranos de guerra” indicó a El Territorio, Eduardo González sobre cómo nació el museo.
“Yo sigo con esto dando charlas a todas las escuelas y espacios a los que nos invitan para que la causa de Malvinas no muera y que los chicos conozcan algo del tema de Malvinas porque después que volvimos de la guerra se desmalvinizó mucho”, señaló y destacó que, en los últimos años, en el departamento de San Pedro, a nivel provincial y nacional, el tema se tornó más relevante y se habla de Malvinas “Eso nos impulsa a seguir” afirmó.
El museo cuenta con una veintena de elementos que fueron utilizados en combate por el ejército y material gráfico como una colección de la revista Gente con publicaciones de 1982 sobre el tema, libros, cartas y manuscritos que cuentan la dura vivencia de los soldados, algunas fueron escritas en el hospital. Estos son complementados con medallas, cuadros de honor, reconocimientos y una bandera de argentina bordada con hilos de oro.
“Estamos en el rincón de la patria, donde comienza la patria, donde no había nada sobre Malvinas, es costoso mantener en alto el pabellón nacional porque sufrimos mucho y hay muy poco interés por parte de los funcionarios y autoridades sobre esto que caló tan hondo en el espíritu del que realmente estuvo en Malvinas” enfatizó el exsoldado quien salió herido en combate, cuya capacidad fue reconocida por los ingleses, por el pueblo argentino, no así por los gobernantes de su propio país.
Cada elemento del museo, que se expone en distintos espacios es cuidado, encuadrado y muy bien atesorado por Eduardo y su familia, lo que demanda tiempo, dedicación, en muchos casos volver a rasguñar esa herida, traer a la memoria las noches más tenebrosas, entre la nieve, el estallido de los disparos, vientos de más de 100 kilómetros por hora y ver a un compañero perder la vida en batalla, sin duda lo que más pesa. “Tengo que agradecer a cada persona que donó y sigue donando cosas para el museo, tengo cosas que yo traje y la gente de Ushuaia es la que más colaboró. Hago esto en memoria de los compañeros que quedaron muertos en Malvinas y de los que están vivos que saben que yo trabajo por y para la causa”, afirmó.
Entre una mirada nostálgica, la voz entrecortada, detalló los objetos que marcaron su vida en combate y pese al paso del tiempo se mantienen, así como fueron traídos de la guerra. “Tenemos vaina de cañón, ropa que se usó en el 82, ropa de infantería de marina que cayó en combate y yo use su remera, el corderito, el colchón de Malvinas y la casa del veterano que era una capa poncho porque el viento constante era de 120 kilómetros por hora, solo con eso soportábamos, hay cascos”, enumeró.
Además, guarda el hueso de una costilla de una cría de ballena “Es algo que para mí significa mucho, tener acá en este lugar el hueso de una ballena. Siempre le muestro a los niños para que vean que en el mar existen animales inmensos. Es un orgullo para mí” expresó sobre una reliquia arqueológica que le trajeron desde Ushuaia.
La bandera acompaña a González en sus viajes. En ese sentido contó cómo llegó a sus manos “En su momento el general Balza, que estaba como jefe del Ejército me pregunta que quería que me regale el Ejército y junto a mi esposa solicitamos la bandera”, concluyó.
