“La escena fue impactante, había sangre por todos lados”. Con esa descripción, el oficial de policía Carlos Gabriel Drehr recordó este jueves ante el Tribunal Penal Uno de Oberá las primeras imágenes que encontró al ingresar a la propiedad donde fue asesinado Rubén Orlando Ayala (59). El efectivo, que intervino como secretario del sumario, relató que además observó manchas de sangre en paredes, muebles y piso, una aparente marca de arrastre desde el interior del local hacia el exterior y que el cuerpo estaba semidesnudo. Sus apreciaciones, expuestas durante la segunda jornada del juicio contra Luis Alejandro Rodríguez Da Silva (35), acusado de homicidio agravado por haber sido cometido con alevosía, encontraron respaldo en la evidencia científica incorporada al debate a través de las conclusiones de los informes forenses, genéticos y toxicológicos, además del criminalístico.
En línea con eso, uno de los documentos más contundentes fue la autopsia realizada por el médico forense Carlos Heredia, quien concluyó que Ayala murió como consecuencia de una “muerte violenta por traumatismo craneoencefálico contuso gravísimo”. El informe describió una escena de extrema violencia, con “deformidad del cráneo y del macizo facial”, afectación de ambos globos oculares, fracturas complejas de cráneo, exposición y desplazamiento de huesos craneales y pérdida parcial de masa encefálica”.
