El perfume del arándano anticipa una zafra que renueva las esperanzas de una familia de San Pedro

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En una chacra de Colonia San Jorge, a ocho kilómetros de la zona urbana de San Pedro, la floración del arándano tiñe el paisaje de un delicado blanco rosado. Allí, Ricardo Wernes y su familia esperan una campaña que, si el clima acompaña, podría superar los 2.500 kilos de fruta. Más que un cultivo, el arándano se convirtió en el motor que transformó la vida de la familia y en una alternativa productiva para una época del año en la que la yerba mate y el té prácticamente no generan ingresos.

Por estos días, entre el verde de los yerbales y las plantaciones de té, un suave tono blanco rosado comienza a sobresalir en el paisaje. Son las flores del arándano, que cubren las plantas con un perfume particular y anuncian una nueva temporada en una chacra de Colonia San Jorge, donde Ricardo Wernes lleva adelante el cultivo de esta fruta reconocida por su alto valor nutricional y cada vez más buscada por los consumidores.

Así como la floración representa uno de los momentos más importantes del ciclo
productivo, es una etapa delicada. El arándano es una planta muy sensible a las heladas intensas y cualquier descenso brusco de temperatura puede comprometer la futura cosecha. Por eso, el actual veranillo de invierno resulta clave para el desarrollo de las flores.

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