De empezar de cero a crear su propia marca de snacks para mascotas en Puerto Rico

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A los 17 años, con una mochila cargada de incertidumbre y pocas certezas, Fabio Ayala dejó su casa. No fue una decisión sencilla ni planificada: fue el resultado de una infancia atravesada por la precariedad, la ausencia paterna y el consumo problemático de alcohol de su madre. Hoy, con 24 años, es dueño de su propio petshop y fabrica snacks deshidratados para mascotas que distribuye en distintas localidades de Misiones. Su historia es la de alguien que decidió no repetir el destino que parecía escrito.

Fabio es el quinto de ocho hermanos y creció en un contexto muy humilde. Su padre nunca se hizo cargo y su madre atravesaba problemas de alcoholismo. En medio de un episodio de desborde, ella lo echó de su casa. Esa noche marcó un antes y un después: no volvió.

En el hogar familiar había un pequeño vivero donde vendía plantas, pero el dinero que generaba terminaba en manos de su madre para sostener el consumo. Sin embargo, incluso en ese escenario adverso, ya tenía un sueño claro: algún día abriría su propio petshop.

Al irse, comenzó desde abajo. Se instaló en la casa de una de sus hermanas y emprendió como pudo: vendía alimentos para perros, hacía limpieza de casas, mandados y cualquier trabajo que surgiera. Cada tarea era un paso más hacia su independencia.

“Todas esas cosas feas que pasé fueron un impulso para seguir creciendo, capacitarme y demostrar que podés venir de lo más bajo y salir adelante. El hecho de haber nacido en una situación precaria no quiere decir que tenga que seguir así. Siempre hay que pensar más allá”, reflexionó.

Y agregó: “Considero que uno puede salir adelante y emprender sin nada. Si hay ganas, las cosas se van a dar. Yo decidí no repetir patrones: no consumo alcohol, no fumo, no salgo de fiesta. Si quiero ser mejor, tengo que esforzarme”.

Un horno casero y una idea que cambió todo

Oriundo de Puerto Rico, Fabio contó que la idea de fabricar snacks deshidratados surgió de manera inesperada: viendo un programa mexicano donde emprendedores presentaban proyectos para obtener financiamiento. La propuesta le despertó curiosidad. Investigó, estudió y, sin formación técnica formal, diseñó y construyó su propio horno deshidratador.

“Me puse a estudiar planos, a ver cómo estaba compuesto un horno deshidratador y lo hice. Empecé a probar con algunos productos y funcionó: las mascotas aceptaban y la gente compraba”, recordó.

Al principio, el proceso era completamente artesanal. Decidió pausar la producción para ahorrar y profesionalizar el proyecto. Durante casi un año reunió dinero como pudo, incluso realizando videos de trabajos de corte de pasto y changas para generar ingresos. Cuando estaba listo para dar el salto, apareció una ayuda inesperada: un hombre le prestó el dinero necesario para comprar el equipamiento, con tres meses de plazo y sin intereses.

“Eso fue en diciembre. Con esa plata pude producir mis snacks y devolverle el dinero en el plazo acordado”, contó.

Lobo Negro: producción local y expansión

Hoy, además de su petshop —que funciona desde hace tres años en Puerto Rico—, produce y distribuye su marca de snacks naturales para mascotas, llamada Lobo Negro, en localidades como Capioví y Wanda. También realiza fletes y cualquier trabajo que le permita seguir creciendo. Para él, ninguna tarea es menor si acerca un poco más al objetivo.

Aunque no cursó estudios universitarios, su formación fue la práctica. Trabajó en una empresa forestal, primero en el área de compras. Luego, en un local de productos eléctricos domiciliarios, donde aprendió sobre electricidad, termostatos y resistencias. Ese conocimiento fue clave para perfeccionar su horno deshidratador.

“Cuando algo me interesa, investigo, leo, estudio. Si encuentro una palabra que no entiendo, busco qué significa y sigo aprendiendo”, explicó.

Actualmente utiliza un equipo más eficiente que le permite garantizar calidad y seguridad en los productos. El proceso de deshidratación es largo y minucioso: una patita de pollo puede tardar entre 54 y 60 horas en quedar completamente libre de humedad. La técnica de baja temperatura y tiempo prolongado evita que los huesos se astillen al masticarlos.

Entre los productos ofrece pulmón deshidratado, patitas de pollo, tráqueas, esófago, orejas vacunas y también opciones elaboradas con corazón de vaca o cerdo. Son alimentos naturales, ricos en proteínas, vitaminas, minerales, calcio y colágeno, aptos tanto para perros como para gatos.

“Son procesos largos, pero el resultado es un producto sano, que además ayuda a limpiar los dientes y fortalecer las articulaciones de las animales”, detalló.

Pensar más allá

Hace aproximadamente un año comenzó con la fabricación de snacks y en los últimos tres meses intensificó la producción. El crecimiento, asegura, se vio impulsado por las redes sociales y el interés por productos naturales para mascotas.

Los precios son accesibles y los pedidos se realizan a través de sus redes. Pero más allá del negocio, Fabio insiste en el mensaje que lo moviliza: romper con los condicionamientos del origen.

Su historia no es la de un éxito repentino, sino la de una construcción paciente. La de alguien que entendió que el contexto puede marcar el punto de partida, pero no necesariamente el destino

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