Un mix de ideas, conceptos y reflexiones sobre la mesa. Desde escritos genuinos y el sentir propio de lo que significa un libro, hasta el desafío de mantener vivo el hábito de leer y desafiar de manera constante a la curiosidad. En ese combo se manejaron cuatro amigos para darle forma a una idea que tomó forma concreta hace poco más de un año.
Este inicio de febrero picante no fue impedimento para que se presentara en sociedad la obra 4 Almas, libro que conjuga relatos, historias personales y antología. Con buen marco en el salón de la Cooperativa de Agua Potable y otros Servicios Públicos de Apóstoles (Cospal), Claudio Chávez, Bernardo Ortiz Mattoso, Raúl Kazibrodiuk y Abel Lobayan compartieron sus sensaciones, además de agradecer la presencia de los presentes, entre amigos, allegados y familiares.
“Hay de todo….” soltó de manera distendida José Pereyra, quien ofició de presentador del libro y que desde Virasoro también le dedica un buen tiempo personal a la escritura. “Un comisario (Ortiz Mattoso), un comerciante (Kazibrodiuk), un juez (Chávez) y un profesor (Lobayán)”, agregó para distinguir a los autores y lo heterogéneo de la obra.
A su turno, Ortiz Mattoso recalcó que “4 Almas todavía dará mucho que hablar” y compartió que “cada uno eligió escribir sobre lo que más le gusta”. Acto seguido mencionó que “hay algunas anécdotas conocidas” y puso énfasis en un aspecto significativo para la provincia: “Me extendí sobre un tema recurrente, en todas las familias se habla del famoso pombero. Yo era escéptico, por mi supuesto raciocinio me negaba a aceptar esas cosas que sucedían”, esgrimió.
“La mayoría piensa que es un mito y yo firmo dónde quieran que el pombero existe, tengo pruebas de eso. Para mí son duendes que viven en una dimensión paralela a la muestra y cada tanto se pasan para hacer travesuras. Tienen que leer el libro, conozco una persona que convivió casi 24 horas con el pombero”, sentenció.
De forma posterior, Chávez confió que se sentía “orgulloso porque soy de Apóstoles, nací acá… Quiero destacar el aporte cultural del libro; la cultura no tiene ideología, la idea del libro fue que cada uno escriba y al final no vimos qué escribió el otro”.
Agregó que la obra “es para leer y desentrañar qué piensa el escritor”.
De su lado, Kazibrodiuk apuntó sobre la obra, “la idea fue autorreferencial, quería compartir la mirada que tengo sobre el escritor”. Y amplió: “El trabajo del escritor es quijotesco, cada vez la gente lee menos…”
En ese sentido valoró que las palabras puedan ser impresas, por lo que el escritor “puede demostrar lo que hace”.
En tanto Lobayán fue quien compartió de manera más profunda sus sentimientos: “Estamos solos en el camino, pero la curiosidad está presente”, observó respecto de la profesión.
Luego recordó que viene de un hogar de ucranianos pobres, “ahí no aprendí el castellano. Seguí hablando ucraniano y por eso hablar castellano es un acontecimiento”, se sinceró.
