Cada 4 de febrero se conmemora el Día Mundial contra el Cáncer, una fecha que busca generar conciencia y promover la atención integral de la enfermedad. En ese marco, profesionales de la salud advierten que, más allá de los avances médicos y tecnológicos, la nutrición continúa siendo un aspecto frecuentemente relegado, pese a su impacto directo en la evolución del cáncer y en la calidad de vida de los pacientes.
La nutricionista Florencia Córdoba explicó que el estado nutricional funciona como un factor pronóstico clave en personas con cáncer. “Cuando hay una ingesta insuficiente o desnutrición, lo primero que se altera es el sistema inmunológico”, señaló, y advirtió que esto incrementa el riesgo de infecciones como neumonías o infecciones urinarias, que pueden complicar seriamente el cuadro clínico.
Según la especialista, la malnutrición también interfiere en la efectividad de los tratamientos. “Si la persona está muy debilitada o pierde mucho peso, pueden reducirse las dosis o suspenderse los ciclos de tratamiento, lo que favorece la progresión del tumor”, explicó.
Pérdida muscular y mayor fragilidad
Córdoba detalló que el cáncer suele cursar con una pérdida progresiva de masa corporal. “El cuerpo entra en una situación de autoconsumo: primero pierde grasa y luego músculo, y esa pérdida muscular genera mayor fragilidad y menor capacidad de recuperación”, afirmó. A esto se suman las dificultades en la cicatrización de heridas, un factor clave cuando se requieren cirugías. “Sin un adecuado aporte de proteínas y vitaminas, la cicatrización se ve seriamente comprometida”, agregó.
Los tratamientos oncológicos pueden provocar náuseas, vómitos, alteraciones del gusto, saciedad precoz, llagas en la boca o sequedad bucal, situaciones que reducen la ingesta de alimentos. Frente a este escenario, la nutricionista destacó la importancia de un abordaje nutricional específico, con estrategias que permitan concentrar nutrientes y energía en pequeñas porciones adaptadas a cada síntoma.
El impacto en el ánimo y la calidad de vida
La especialista también remarcó que la desnutrición no solo afecta al cuerpo, sino también al estado emocional. “Los nutrientes participan en la síntesis de neurotransmisores. Cuando hay déficit, aumentan el cansancio, la fatiga y el mal ánimo, lo que agrava aún más el proceso de la enfermedad”, explicó.
En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, Córdoba insistió en la necesidad de poner el foco en la nutrición como parte central del tratamiento. “Aunque la persona reciba el mejor tratamiento disponible, si está mal nutrida, ese tratamiento puede no ser efectivo o no poder sostenerse”, afirmó. Para la profesional, mejorar el estado nutricional desde el inicio no es un complemento, sino una condición fundamental para aumentar las posibilidades de respuesta terapéutica y mejorar la calidad de vida de quienes transitan la enfermedad.
