El temporal con características de tornado que golpeó Cruce Caballero dejó viviendas destechadas, árboles derribados y daños en distintas chacras de la zona. En una de esas propiedades se encontraba Adriana junto a sus cuatro hijos, mientras cuidaban el lugar debido a que sus dueños habían viajado por cuestiones laborales. Lo que comenzó como un almuerzo familiar se transformó, en pocos minutos, en una desesperada búsqueda de resguardo.
“Recién habíamos parado a almorzar con los chicos cuando se cortó la luz. Miré hacia afuera y el tiempo se puso oscuro. Pensé que las ventanas y las puertas estaban bien trancadas, así que les dije que se quedaran adentro”.
Cuando intentaron asegurar la última abertura, la fuerza del viento empujó la ventana e impidió que pudieran cerrarla nuevamente. Ante el avance de la tormenta, Adriana llevó a los niños hasta una pequeña habitación, los reunió a su alrededor y permaneció abrazada a ellos.
