La franja de destrucción alcanzó además Paraje Semillera, lindante con el Parque Provincial Cruce Caballero a unos 7 kilómetros del epicentro del tornado. Allí, María Dallanora, atravesó el temporal con una preocupación adicional, la de proteger a su madre, quien utiliza silla de ruedas.
Cuando comenzó la voladura de los techos, se refugió dentro de la vivienda junto a ella. Cerró los ojos, se aferró a su madre y esperó que el fenómeno pasara. El temor aumentó cuando otros integrantes de la familia comenzaron a llorar y el ruido del viento hacía pensar que perderían completamente la casa. “Fue un desespero. Me metí dentro de la casa con mi mamá, cerramos lo que pudimos y ahí empezaron a volar los techos. Pensé que íbamos a quedar sin nada”, relató.
Una parte de la vivienda logró conservar el techo, pero las habitaciones quedaron expuestas al agua. Se mojaron colchones, ropa de cama y otras pertenencias necesarias para el cuidado de su madre. Por ello, la prioridad de la familia es conseguir chapas y algunas frazadas para reorganizar el espacio y volver a resguardarla.
