Estudio revela que uno de cada cuatro adolescentes realizó retos virales en redes en el último año: “La búsqueda de aceptación social es el principal motivo”

Somos Vos
8 Min Read

Resett, quien es investigador independiente del CONICET y docente de la Universidad Argentina de la Empresa, participó en la investigación y advirtió sobre el aumento de estos desafíos, algunos lamentablemente con consecuencias trágicas y la falta de conciencia sobre sus peligros.

El estudio incluyó a más de 800 adolescentes de entre 11 y 17 años y reveló las alarmantes cifras mencionadas. Sin embargo, “también los números pueden ser más altos porque uno le pregunta en el último año y ahí apela a la memoria. Entonces, tal vez los porcentajes pueden ser más altos, porque se pueden haber olvidado de que realizaban estos retos virales”, afirmó.

Tal vez te interese: Misiones: tras las amenazas de tiroteos que obligaron a activar protocolos en escuelas, ya venden mochilas transparentes en redes sociales

“Si uno se pone a analizar más minuciosamente estos porcentajes, el 15% ha realizado uno o dos en el último año, pero alrededor del otro 5%, ha realizado tres o cuatro y el grupo restante, que es otro 5%, ha realizado cinco, seis o más retos virales”, se explayó.

Además, señaló que existen distintos tipos de retos, algunos de ellos sumamente peligrosos porque atentan contra la salud mental de los jóvenes.

Resett recordó un caso trágico en Argentina: “Acá en el año 2023, en Río Negro, hubo un reto viral, el Blackout Challenge, que era Blackout porque había que provocarse la autoasfixia. Murió un adolescente, también el mismo día que muere el adolescente, hay otros dos casos de adolescentes de 13 años que también se provocaron autoasfixia, que no fallecieron”.

El especialista explicó que un reto viral consiste en “realizar una tarea o desafío que puede ser de diversa índole, subirlo a las redes y que incita a que se copie, a que se emule la acción”. Afortunadamente, estos desafíos extremos son la minoría.

Indicó que los adolescentes que participan en muchos retos virales muestran una mayor adicción a internet, a las apuestas y al consumo de pornografía. De este modo, para el estudioso el problema central radica en la sobreexposición.

“Hay retos virales que no son tan peligrosos, como bailar o hacer una coreografía en grupo. El tema es que, al ser menores de edad, están todo el tiempo sobrecompartiendo en redes sociales de forma viral, subiendo fotos y videos. La coreografía de baile, por ejemplo, la hacen en el patio de la escuela, con el uniforme escolar y son adolescentes de 13 años”, remarcó

Además, según el investigador, quienes realizan más retos virales sufren de ciberbullying y están expuestos al grooming. “Al estar exponiéndose en TikTok, en Instagram, donde muchas veces tienen los perfiles abiertos a todo el mundo o tienen 500 seguidores, un adulto ve eso y lo ve con el uniforme de la escuela, ve que tiene 13 años, ve toda la información personal que está subiendo, tranquilamente puede empezar a entrar en contacto con ese adolescente pidiéndole más fotos, videos”.

Por ello, considera que la preocupación de los padres debe ir más allá de un simple baile, ya que existen múltiples peligros para los menores de edad.

La aceptación social

Al analizar los motivos detrás de la participación en estos retos, mencionó que hay múltiples factores, pero uno es el que prepondera: “El principal motivo es precisamente pertenecer al grupo de pares, que es muy de los adolescentes. El adolescente está muy pendiente de no quedar afuera, porque todos lo hacen. Está muy pendiente de la aceptación social, de si es querido, de la mirada del otro”.

Sumado a esto, Resett dijo que los adolescentes son más impulsivos y tienen una emocionalidad a flor de piel, por lo que no se detienen a reflexionar. El reto, en el imaginario adolescente asegura la pertenencia. Puso como ejemplo un desafío no nocivo, como pelar un huevo sin romper la membrana, pero advirtió: “Ese desafío viral no va a tener tantos me gusta como si vos hacés algo peligroso, que implique adrenalina, va a tener más visualización y más me gusta”.

A propósito de esto, el especialista citó al investigador cognitivo David Elkind y su concepto del egocentrismo adolescente. “Él dice que el adolescente, a diferencia del niño de la escuela, o sea, tiene un pensamiento abstracto, hipotético, puede pensar sobre su propio pensamiento. Entonces, está muy pendiente y sobrevalora la mirada del otro. Ahora puede darse cuenta que su forma de pensar es distinta a la del otro”.

Elkind también acuñó los términos “audiencia imaginaria” y “fábula personal”. Según esta teoría, el adolescente “piensa que todo el mundo lo está observando, se está comparando socialmente. Pero en realidad, uno cuando madura se da cuenta, en realidad, que el que está pendiente de mí es mi familia, mis amigos. Nadie se va a acordar o pocas personas se van a acordar que yo fui con esta misma camisa o ropa a una fiesta hace dos meses, pero él cree que está siendo juzgado, observado todo el tiempo”.

Con las redes sociales, sostuvo el entrevistado, este fenómeno se masifica y potencia, ya que se comparan con famosos.

Más allá de la prohibición

Respecto a la prohibición de redes sociales menores como una posible solución que ya ocurre en varios países, Resett opinó: “La prohibición sola no alcanza. Alcanza para conductas puntuales, pero eso que están haciendo otros países es cierto porque ya a los 16 ya les dan la red. Es cierto que está bien porque a los 13, 14, 15 todavía tienen estas vulnerabilidades”.

No obstante, el investigador advirtió que las prohibiciones no resuelven el problema de fondo del uso irresponsable. Puso como ejemplo las amenazas de tiroteo en San Cristóbal, Santa Fe luego del caso del chico que ingresó armado a la Escuela Normal Mariano Moreno el 30 de marzo de 2026 y asesinó a un compañero de 13 años. “Ponían multas cuantiosas y se solucionó ese tema, pero no solucionó todo el uso irresponsable de los menores de edad”.

La solución a esta problemática, a su criterio, debe darse en distintos niveles, empezando por una mayor involucración del Estado. De allí que hizo hincapié en la necesidad de un diagnóstico preciso: “Ni siquiera tenemos una buena evaluación o diagnóstico de qué nivel de adicción a redes sociales hay en todo el país, que es lo principal para cualquier problema, un buen diagnóstico. Debemos saber qué está pasando, a qué edad está pasando, en qué ciudades, en qué sectores pasa más estas cuestiones, qué hacen los padres”.

Hacia el cierre, Resett hizo hincapié en la falta de conciencia de los propios adultos sobre la problemática. “El gran problema es la adicción al celular, al internet; los mismos adultos no están teniendo conciencia del grave problema de salud física y mental que es”, sentenció

Share this Article