Alcohol al volante: jueza de Faltas de Posadas remarcó que las normas solas no cambian conductas y pidió “resignificar” el consumo

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Bettina Balbachán, jueza de Faltas de Posadas, manifestó su inquietud por el incremento de siniestros de tránsito, donde el alcohol se presenta como un factor común. En ese sentido, la magistrada explicó que la bebida es un “símbolo cultural” y resulta clave comprender su significado en la sociedad para abordar el problema de manera efectiva.

La funcionaria judicial afirmó: “El tema con el alcohol es que no estamos hablando simplemente de una bebida; estamos hablando de un símbolo cultural. No se trata simplemente de una ingesta, de un consumo más o de un alimento o de una bebida, se trata de algo que interpela nuestra vida cotidiana, más que nada por la simbología, lo que representa el alcohol en la vida de las personas. Representa así como de unión, de brindis, de compañerismo, de amistad, de festejo”.

Según Balbachán, la solución no radica en erradicar el alcohol, sino en modificar la percepción social sobre el consumo y la conducción. “No vamos a lograr erradicar el alcohol como consumo familiar, como consumo con amigos. Lo que sí se debe resignificar es la separación que tiene que tener el alcohol de la conducción. Eso es lo que hay que resignificar, nuestra responsabilidad al momento de sentarnos al volante y conducir habiendo ingerido cualquier cantidad”, sostuvo la jueza.

La magistrada recordó que Posadas cuenta con una normativa de alcohol cero y señaló que, aunque este tipo de leyes son necesarias, no garantizan por sí solas un cambio de comportamiento. “La cuestión es que el Estado no puede brindar garantías a través de una norma. Las normas por sí solas no cambian las conductas, solo interpelan una y abren una brecha para que pensemos y repensemos nuestra responsabilidad social en medio del tránsito”, explicó.

Balbachán comparó el tránsito con un “espacio ético” y dijo que nuestra forma de conducir refleja nuestra personalidad. “Manejamos como somos. El que es agresivo, va agresivo con el auto también, y va intentando pasar a las demás personas. El que es educado, cordial, le va a pasar a los peatones, nos manejamos de esa misma manera. Pensar que una norma va a modificar las conductas es quedarnos un poco cortos, porque hay una responsabilidad que no puede venir ni de los legisladores, ni del Estado, ni del Poder Ejecutivo en el ejercicio del poder de policía a través de los controles y demás, sino interpelamos primero ese mundo social que nosotros tenemos, que evidentemente tiene una brecha enorme para con el mundo normativo”, aseguró.

Sanciones y reincidencia

La jueza también se refirió a las sanciones aplicadas a quienes conducen bajo los efectos del alcohol. “Las sanciones están, las normas están. El tema está en que pareciera ser un cliché, y lo digo siempre, hay una cuestión que tiene que ver con la educación, que tiene que empezar desde siempre”, afirmó.

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Balbachán detalló que las multas aumentan según la cantidad de alcohol en sangre y los meses de suspensión de la licencia, y se exige la realización de un curso de seguridad vial. “El que sea reincidente tiene una pena pecuniaria mayor. Y si tiene numerosas reincidencias, podría llegar hasta la suspensión total de la licencia, de la posibilidad de circular. Así de grave”, advirtió.

La jueza enfatizó la importancia de la educación y el ejemplo de los adultos. “Los chicos aprenden más de lo que nosotros hacemos que de lo que decimos. No es simplemente enunciar, no es simplemente que exista una norma. Tiene que ir complementada y tiene que ir con las laterales, toda la cuestión que haya en la educación vial, tiene que instrumentarse eso en los colegios, tiene que definirse en las casas como patrón de conducta también”, manifestó.

Finalmente, Balbachán hizo un llamado a la reflexión sobre la responsabilidad individual y la percepción de invencibilidad que a menudo genera el alcohol. “Nuestra acción importa, que no es indiferente, que no es una más, que no son, bueno, son tres cuadras nomás, es una latita de cerveza nomás, y un montón de frases que nosotros estamos acostumbrados a escuchar en nuestra vida cotidiana y en nuestra vida social y en nuestros trabajos. Es un ratito nomás, una cervecita. Y casi que el que se contraría esto, un alcahuete, un botón, vamos a decirlo por la norma. Sin embargo, las conductas de responsabilidad deberían estar naturalizadas y normalizadas”, concluyó.

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