Eduardo Goldfart, socio de Valmitran, describe problemas como atraso cambiario (ergo, alta inflación en dólares), sequía, mercado internacional con bajos precios y jugadores muy agresivos e incremento del precio del petróleo que impacta en los fletes marítimos.
Uno de los productos más reconocidos del mundo, como el té, también atraviesa lo que puede definirse como una “tormenta perfecta” (a pesar de la eficiencia y el desarrollo alcanzado por el sector), según describe Goldfart, socio de Valmitran. No se trata de una pérdida de mercados por ineficiencia productiva – Argentina sigue estando entre los países más avanzados en la materia-, sino de la soledad del exportador frente a un Estado que paga con atraso los reintegros de exportación y no cumple con la ley en la devolución del IVA, lo que reduce la competitividad. Esto contrasta con la mayoría de los países exportadores, donde el reintegro del IVA es inmediato o, incluso, donde directamente se factura sin IVA al exportador, como ocurre en varios casos a nivel internacional.
Esa realidad se vive en la localidad misionera de Dos de Mayo. Allí, el movimiento en la planta de Valmitran no se detiene, pero el clima dista del de otros años.
En un establecimiento donde el té se procesa con tecnología comparable o incluso superior a la de las principales potencias productoras, su conducción observa un escenario internacional cada vez más adverso para la producción local.
Las variables
Para Goldfart, cuya empresa se consolida entre las principales exportadoras de té de la Argentina por volumen en los últimos 10 años, este año reúne todos los factores de una “tormenta perfecta”: variables económicas distorsivas, condiciones climáticas desfavorables y un contexto internacional atravesado por conflictos que impactan directamente en la logística y los costos. Todo ello pone a prueba, una vez más, la resiliencia del colono y del empresario.
La naturaleza y el bolsillo
La cosecha comenzó con dificultades. Los fríos intensos en el inicio de la temporada y una sequía persistente afectaron la calidad de la hoja verde. “Incluso los fríos nocturnos durante el verano impactaron muchísimo”, explicó.
A esto se suma el incremento en los costos de insumos. Tareas básicas como fertilizar la tierra se han vuelto cada vez más difíciles de sostener, afectando el rendimiento de las plantaciones.
La empresa misionera exporta a más de quince países, incluyendo mercados como Estados Unidos, Chile, Holanda y Rusia. Sin embargo, la eficiencia tecnológica argentina contrasta con la realidad de competidores como Kenia, India, Vietnam y China, donde predominan la mano de obra de bajo costo, la cosecha manual y fuertes esquemas de subsidios estatales. Esta asimetría configura una competencia claramente desigual.
A este escenario se suma la geopolítica. El conflicto en Medio Oriente ha encarecido los fletes marítimos y alterado las rutas comerciales. Goldfart ilustra esta situación con un caso concreto. “Un contenedor de Valmitran con destino a Dubái debió ser descargado temporalmente en Singapur, a la espera de condiciones que permitieran completar el trayecto”. Un ejemplo claro de cómo un conflicto lejano impacta de lleno en la producción misionera.
A pesar de este contexto -marcado por presión cambiaria, mayores costos y mercados exigentes-, el análisis de Goldfart no es de resignación, sino de diagnóstico preciso.
