Calor agobiante, sequía y tormentas repentinas de gran intensidad. El clima extremo que está afectando a Misiones impacta de lleno en la producción. Tanto los cultivos de forma directa, como la ganadería, indirectamente, sufren las consecuencias de un verano atípico e incierto.
Desde los distintos sectores productivos, afirman que el panorama es complejo y esperan que la llegada del frío no traiga otras sorpresas, como heladas tempranas, que complicarían aún más la situación.
En diálogo con El Territorio, el productor Cristian Klingbeil indicó que “los más perjudicados son los productores donde no reciben una sola gota de lluvia. Viendo en distintos grupos de WhatsApp, por ejemplo, durante el fin de semana largo, hubo zonas que recibieron hasta 50 milímetros de lluvia y hay otros lugares que no han recibido ni 3 milímetros de lluvia. Por eso afecta a aquellos que no tuvieron la suerte de tener agua y se ve frenada la brotación”.
“El té, la yerba, el maíz corren peligro; y a aquellos que trabajan con huertas y tienen que regar más”, adujo. Justamente, las zonas más secas en las últimas semanas fueron las del Sur, impactando fuertemente en la producción agrícola y en las pasturas destinadas a la cría de animales.
En la ganadería
Si bien en los últimos días se registraron algunos chaparrones aislados, los productores aseguran que la situación sigue siendo delicada, especialmente en materia de reservas forrajeras y disponibilidad de agua.
Desde la zona de Cerro Corá, el productor ganadero Roberto Comparín en diálogo con el programa Acá te lo contamos por Radioactiva 100.7 explicó que la ganadería local se basa principalmente en la cría a pasto, el sistema más económico para la producción de carne. Sin embargo, la ausencia de precipitaciones desde la primera semana de enero afectó directamente el crecimiento de las pasturas.
“Tenemos todo un programa de criar animales a pasto, que es lo más barato que hay. Al no llover, el pasto deja de crecer. Y tengamos en cuenta que una vaca come todos los días 50 kilos de pasto promedio”, detalló.
Según señaló, el problema no es sólo la falta de rebrote, sino también el deterioro del recurso disponible: “El pasto al no llover se deshidrata, queda seco y el animal sigue caminando. Con 400 o 500 kilos y una pezuña filosa, lo que no consume lo va cortando, entonces se destruye rápido la reserva natural que tenemos en los potreros”.
El contraste con diciembre es notorio. “Sabemos que tuvimos un diciembre con 500 milímetros, algo para destacar. Pero dejó de llover en la primera semana de enero y, con los calores, cambia rápido la calidad del pasto”, indicó.
En tanto, productores que se dedican a la ganadería en la localidad de San Pedro, manifestaron que, si bien han habido semanas sin precipitaciones y calor extremo, los chaparrones aislados son válidos para evitar que los pastos se sequen. En algunos casos sí se observó una importante disminución en el caudal de agua de las vertientes; recurso que es vital para dicha actividad.
“En nuestra zona tenemos varios chaparrones, que vinieron en los momentos justos para mantener el pasto, en lo que va de verano no hay faltante de pasturas”, indicó Erico Senger, productor e integrante de la cooperativa productora de quesos de Polvorín en Pozo Azul.
Y afirmó que los niveles de producción de leche se mantuvieron normales, lo que es positivo para la industria porque puede mantener su cadena de producción y pone en evidencia lo esencial de las lluvias aunque sean aisladas.
También el productor dijo que “tenemos agua, no en abundancia. Para aumentar la disponibilidad son necesarios varios días de lluvia”, haciendo referencia a una de las preocupaciones de las familias que han estado realizando reservorios y buscando optimizar al máximo un recurso insustituible dentro de la producción.
En la mayoría de los campos, consultados por este medio, los dueños coinciden en que las últimas semanas fueron algo inquietantes, donde el sol fuerte y las altas temperaturas llevaron a que la pastura comience a secarse.
“Nos alivia ver que con las lluvias comenzó a brotar y volverse verde el pasto, creemos que no tendremos problemas para alimentar e hidratar a los animales” , señaló uno de los productores.
Más costos
La caída en la calidad del forraje repercute directamente en el crecimiento de los terneros. En condiciones normales – explicó Comparín – “ganamos 500, 600 o 700 gramos por día en un pasto normal. Pero en este momento, si quedamos solo con el pasto, estaríamos ganando 150 o 200 gramos. No es pérdida, pero demoramos en el negocio en sí, en la terminación del animal”.
Para sostener el ritmo productivo, muchos productores deben recurrir a la compra de alimento balanceado, lo que incrementa significativamente los costos. A esto se suma la problemática del agua.
“Hay potreros que tienen buenas aguadas profundas y aguantan unos meses sin llover. Pero otros quedan sin agua. El animal toma todos los días 40 o 45 litros, no le importa si llueve o no”, explicó. Ante ese escenario, deben concentrar hacienda en los lotes con mejor disponibilidad, perforar —con costos elevados— o trasladar agua mediante mangueras.
De cara al invierno
Los productores temen lo que se viene con la llegada del frío. La posibilidad de heladas tempranas o mal tiempo constante preocupa al sector.
“Tiene que seguir lloviendo para que podamos acomodar los pastos para esperar el invierno. Marzo y abril son meses en los que uno programa la reserva para las heladas. Si entramos sin pasto, hay que descargar el campo, tener menos animales por hectárea o salir a comprar alimento”, determinaron.
De acuerdo a los pronósticos, las precipitaciones podrían ubicarse por debajo de la media durante el verano en el sur provincial. “Sabíamos que íbamos a tener un verano mezquino en lluvia. Estábamos preparados para como está ahora, pero está mucho menos de la media”, sostuvo al respecto el productor Comparín
