Cuando la intención de descansar y disfrutar de un tiempo lejos de la rutina se traslada a la búsqueda de algún viaje, o servicio, nunca faltan quienes aprovechan el desconocimiento o la necesidad para aprovecharse de los viajeros.
Tanto en la reserva de un alojamiento como en la contratación de servicios en destino, se pueden presentar maniobras fraudulentas, las cuales, según estadísticas, se multiplicaron en el último tiempo y ganaron en sofisticación. Todo esto, aprovechando un factor clave: durante el período vacacional, el consumidor suele estar apurado, entusiasmado y menos atento que en sus transacciones habituales.
Quienes se esconden detrás de portales o sitios de engaños registran dominios casi idénticos a los originales, con diseños que replican fielmente los sitios legítimos. La víctima realiza la reserva, efectúa el pago y recibe un comprobante que aparenta ser válido. El engaño se descubre recién al llegar al destino, cuando el hotel confirma que la reserva nunca existió.
Desde el punto de vista penal, estas conductas se cuadran en el delito de estafa y, cuando se utilizan datos personales o bancarios de terceros, también en delitos informáticos. Un problema recurrente es que muchas víctimas no denuncian de inmediato, lo que permite que los responsables sigan operando durante semanas o meses.
