En medio de una sesión marcada por gritos, interrupciones y cruces constantes entre legisladores, se vivió ayer un momento que obligó a la Cámara de Diputados de la Nación a detenerse y reflexionar.
Durante el debate por una reforma de alto impacto —El nuevo Régimen Penal Juvenil— el diputado nacional por Misiones, Oscar Herrera Ahuad, pidió la palabra para realizar un planteo personal e institucional a la vez. Con firmeza, explicó que es discapacitado auditivo en un ciento por ciento y que puede seguir las intervenciones gracias a un dispositivo provisto por la propia Cámara. Sin embargo, el desorden y las interrupciones le impiden escuchar con claridad.
“Mi voto también puede cambiar la historia de la Argentina”, expresó, al reclamar respeto no solo para su condición, sino para el derecho de todos los legisladores a ejercer plenamente su función. Su intervención puso en evidencia que el ruido y la falta de orden no son meras formas del debate político, sino obstáculos concretos que pueden vulnerar derechos.
El presidente del cuerpo, Martín Menem, pidió disculpas en nombre de los 256 diputados y de la Presidencia, y solicitó el compromiso de todos para evitar interrupciones y garantizar que cada orador pueda ser escuchado.
En un Congreso atravesado por tensiones y posiciones encontradas, la intervención de Herrera Ahuad no solo reclamó orden: recordó que la inclusión y el respeto son condiciones básicas para que la democracia funcione. Su planteo transformó un momento caótico en una lección institucional sobre derechos, representación y responsabilidad colectiva.
