Heredero misionero de Rosas se unió al reclamo contra el traslado del sable de San Martín y aseguró que lo quieren esconder del pueblo

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Lo hago como descendiente de Juan Manuel de Rosas, pero también como ciudadano argentino afectado por el derecho colectivo a la cultura, a la identidad y al resguardo del patrimonio histórico nacional”, manifestó.

Respecto a su linaje, el entrevistado reivindicó el orgullo de pertenecer a una familia patricia ligada a la formación de la nación, aclarando el sentido del término. “El viejo decía siempre que era la mayor carta de satisfacción y de presentación: proceder de la familia de donde descendíamos. Hablo de familia patricia en función del nacimiento con la patria, no en función de un acto económico”, precisó.

Sobre el origen de la posesión del arma, Costa de Arguibel recordó que fue un reconocimiento directo del Libertador hacia la figura de Rosas por su rol en la defensa nacional. “Básicamente es un legado de San Martín a Juan Manuel de Rosas, en función de que él consideraba con honor cómo había defendido la soberanía de la patria en el contexto de la invasión anglo-francesa”, explicó.

El núcleo del conflicto legal radica en la naturaleza de la entrega del sable al Estado Argentino por parte de los herederos a finales del siglo XIX. “Fue donado por Manuela Rosas de Terrero en 1897”, contó De Arguibel. “Fue una donación con cargo, no pidió nada estrafalario, sino simplemente que sea un instrumento para su protección permanente, que sea patrimonio histórico y que pueda ser exhibido a toda la ciudadanía”.

El abogado advirtió que el decreto presidencial que ordena llevar el sable al Regimiento de Granaderos a Caballo podría incumplir las condiciones de dicha donación. “Pasa de la esfera civil abierta a toda la ciudadanía a una esfera militar reservada y discrecional, en donde no sabemos si se va a permitir el acceso. Ahí es donde se toca el cargo efectuado por Manuelita en la donación”, denunció.

Asimismo, defendió la permanencia del objeto en su actual ubicación basándose en criterios técnicos de conservación que superan las decisiones políticas. “Cualquiera sabe que el mejor lugar, y que tiene un recinto acorde, es el propio Museo Histórico Nacional por condiciones museológicas”, sostuvo. “No es porque se me ocurra a mí o porque se le ocurrió a Cristina Fernández de Kirchner en el 2015”.

Costa de Arguibel recordó que la custodia militar ya existe en el museo y que el traslado a un cuartel no garantiza mayor seguridad ni beneficio para el público. “El sable actualmente está en resguardo las 24 horas por los Granaderos, y hay tres turnos de guardia. El mejor lugar es el museo, ya que la propia donación se realizó allí”, insistió el descendiente.

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